Hola Adriana:
Antes de que leas lo que tengo
por decirte, quiero que pienses y recuerdes en todos los momentos que has
compartido con tu madre. Seguramente la mente se te quede corta de recordar
todos y cada uno de los flashback que pueden estar llegando a tu mente. Conoces
bien esos flashback, es posible que sean los mismos que tengo ahora mismo, en
el momento en que escribo esta carta. De chica, de adolescente, de joven
adulta; en los momentos alegres y en los no tan alegres. Tenlos ahí guardados, que
luego te los volveré a nombrar.
Adriana, te conozco. Piensas
mucho en cómo convertir el mundo en un lugar mejor, es casi que uno de tus
temas de conversación favoritos, y una de tus principales angustias es que el
mundo sea muy diferente a lo que consideras “un mundo en el cual vivir”. Dentro
de ese arsenal de preguntas sin responder que existen en tu mente Adri, ¿has pensado en el tipo de madre que quieres
ser? ¿cómo te gustaría que te vieran tus hijos?
Yo sé que tú piensas que la
maternidad es el trabajo más desagradecido que existe. Piensas que los niños
sólo son lindos cuando están chiquitos, pero que cuando elaboran su propio
criterio y salen al mundo en su edad adolescente, su mundo rebelde construido
en la cabeza hace que sean las personas más groseras y odiosas del mundo tanto
con padre como madre. ¿Y después? Tu madre pasa a ser esa persona de consejos
sabios en momentos malos, y palabrería inocua en los momentos en que todo sale
bien. Si lo ves así, claro que es un trabajo desagradecido. Te lo digo con todo
el cariño del mundo Adriana: fuiste, y eres, ese tipo de hija. Y lo que no
quieres es que tus hijos te vean así. Cuidado que no te estoy diciendo que el
cariño a tu madre no sea casi supremo. Pero una cosa no necesariamente implica
la otra.
Quizás hayas pensado más en el
mundo que quieres para tus hijos, que en tipo de madre que quieres ser para
ellos. Quieres un mundo en que tus hijos se puedan educar y se garanticen sus
libertades. Pero te digo una cosa, y es que la madre es el mundo entero de un
hijo. ¿De qué le sirve a un niño el mundo más perfecto posible, si no le diste
lo mejor de su amor durante tu rol de madre? Tu no quieres que tus hijos que se
sientan abandonados, solos, melancólicos, no queridos ni mucho menos incapaces.
Tú deseas para ellos una infancia tranquila y feliz, sin sobresaltos. Deseas
ser ese tipo de madre de la cual sus hijos se alegren al verla llegar.
Y Adri, ¿sabes cómo ser ese tipo
de madre? Claro que no. Tu eres de las que piensa que la maternidad es un “learning
by doing”, una improvisación, que nadie realmente te prepara para ser madre
pero que te dan un pequeño lapso de nueve meses para que aprendas rápido y te
hagas a la idea de que el rol es por el resto de tu vida, barriga mediante.
Dominas perfectamente la razón, pero la condición humana de la maternidad es
otro mundo para ti, que no incluye razón.
Así las cosas, tu piensas que ser
madre es desagradecido y que también es un oficio que se aprende sobre la
marcha. Pues súmale algo a eso: deben lidiar con sus propias vidas, además.
Para ti, ese conjunto de tres cosas te parece completamente de locos.
Y por eso mismo, la maternidad te
parece un trabajo tan admirable.
Piensa Adriana que tu mamá aceptó
ser madre tuya la cuarta vez que le dijeron que sería madre. ¿Te imaginas
aceptar todo eso, incondicionalmente, cuatro veces? No le importó que fuera un
trabajo desagradecido, ni que tuviera que aprender por cuarta vez sobre la
marcha, ni tener que lidiar con su propia vida, que ya incluía tres hijos más. Para
quitársele el sombrero.
Te invito a que regreses a las
imágenes del comienzo, a los flashback. No te diré nada al respecto, pero de
nuevo te dejaré la pregunta:
¿Qué tipo de madre quieres ser?
Adrianella
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